Durante una reunión, suena el teléfono de la coordinadora del centro de acción de Choluteca, perteneciente al Instituto Hondureño de Desarrollo Rural (IHDER), una de nuestras contrapartes. ES un ingeniero, es del PMA, palabras con cuentagotas que hacen entrever de qué se trata. Cuelga. Mañana, a las 8 en la sede del PMA (Programa mundial de Alimentos), nos van a dar una x cantidad de sacos de comida para que el Ihder pueda repartirlas entre las comunidades que están ejecutando proyectos de autoconstrucción de viviendas – en estas comunidades está habiendo una gran carencia de alimentos debido al trabajo continuado para poder construirse las viviendas que fueron financiadas en varios proyectos -.
El Programa Mundial de Alimentos fue concebido como un programa experimental de tres años. Se planeaba que comenzara operaciones en 1963, pero una serie de acontecimientos precipitaron el inicio de sus operaciones: Un terremoto sacudió Irán en septiembre de 1962, un tifón arrasó Tailandia en octubre de ese año, y 5 millones de refugiados abrumaron a la recién independizada Argelia durante el proceso de repatriación. Se necesitaba con urgencia asistencia alimentaria, y el PMA fue el encargado de intervenir y suministrar dicha ayuda.
A las 8 de la mañana como clavos estamos colocadas en la puerta del PMA en Choluteca, se abre una puerta y entramos en un almacen lleno de sacos de granos básicos – frijoles, arroz, maiz, harina fortificada y aceite-. Empezamos a cargar los sacos en la paila de los carros (la parte trasera de las rancheras y casi un fenómeno sociológico de Honduras), 50 kilos de alimento cada saco, risas, es casi una aventura, estrategias para no hacernos daño en la espalda. De esos sacos saldrá el alimento para 57 familias durante 15 días…una pregunta resuena en mi cabeza ‘y después qué?’
El hambre -el más viejo enemigo de la humanidad- y la desnutrición continúan afectando la salud y amenazando la sobrevivencia y la productividad de generaciones.
En el último cuarto del siglo XX, la humanidad estaba ganando la guerra a su más viejo enemigo. Desde 1970 a 1997 el número de personas con hambre cayó de 959 millones a 791 millones –principalmente debido a los tremendos progresos logrados en reducir el número de desnutridos en China e India.
En la segunda mitad de los años 90, sin embargo, el número de personas afectadas por el hambre de forma crónica en países en vías de desarrollo aumentó a un ritmo de 4 millones por año. Para el 200
0-2002, la cifra mundial total de personas desnutridas había aumentado hasta 852 millones: 815 millones en países en vías de desarrollo, 28 millones en países en transición y 9 millones en países industrializados.
Hoy en día, una de cada 8 personas no consigue suficientes alimentos para llevar una vida saludable y productiva, lo que convierte al hambre y a la desnutrición en el principal riesgo a la salud mundial –superando al SIDA, la malaria y la tuberculosis combinadas.

Esos son los datos. En mi día a día yo oigo hablar de los niños que se duermen en la escuela porque llevan días sin comer. Oigo hablar a mujeres que sólo tienen para comer tortillas de maiz y sal. Con fuerza y energías empacamos los alimentos en sacos pequeños para cada familia. 5 paladas y media de arroz, 16 paladas y media de maiz, una botella y media de aceite para cada familia, 5 y media de harina, 5 y media de frijoles. Y de nuevo, cargar los sacos en la paila para repartirlos en las comunidades.
Honduras, una nación centroamericana de bajos ingresos y déficit alimentario, es el tercer país más pobre de América Latina y el Caribe. Desastres naturales recurrentes –el huracán Mitch (1998), inundaciones (2000, 2001 y 2005), sequías (2001 y 2004)—regularmente afectan a la población más vulnerable.
Uno de cada tres niños hondureños, menores de 5 años es víctima de desnutrición crónica. En algunas comunidades rurales en la parte occidental del país la desnutrición crónica alcanza hasta el 88%.
El Gobierno de Honduras tiene una Estrategia Nacional para la Reducción de la Pobreza, de la cual la alimentación escolar es parte importantísima de su agenda.
Esos son los datos que da el PMA en su página. En Honduras se habla del fracaso de la EStrategia Nacional para la Reducción de la Pobreza. Se habla de esos fondos que nunca llegaron a la base. Por Honduras circula una lista con personas pertenecientes a los movimientos sociales y sindicales de este país, y los periódicos no dicen nada. Y a muchos esto les recuerda a los años 80. Y a otros tanto esto les recuerda al triste pan de cada día. En Honduras la condonación de la deuda supuso otra deuda. Se condonó la deuda de los ricos y se perpetuó la impotencia de los pobres.
La operación en Honduras se desarrolla mediante cuatro proyectos:
El Programa de Merienda Escolar consiste en proveer de una merienda diaria a los niños y niñas que asisten a las escuelas, con el objetivo de estimular el incremento de la matrícula en los centros escolares y pre-escolares de las zonas más vulnerables del país.
El Programa de Asistencia a Grupos Vulnerables (Programa Nutricional para Madres Embarazadas – Lactantes y Niños menores de cinco años) consiste en crear las condiciones para que los niños menores de cinco años, mujeres gestantes y madres lactantes satisfagan sus necesidades nutricionales especiales y necesidades sanitarias relacionadas con la nutrición.
La Operación Prolongada de Socorro y Recuperación (PRRO-10212) tiene como objetivo contribuir a mejorar la seguridad alimentaria de las familias afectadas por catástrofes naturales recurrentes mediante respuestas flexibles y efectivas del gobierno y de la comunidad.
Con los alimentos que han sobrado de la atención a la última tragedia natural que ha sufrido Honduras con las inundaciones del pasado mes de Octubre, el PMA de Honduras ha apoyado también otro proyecto: Alimentos por trabajo, que tiene como objetivo proteger los medios de subsistencia, aumentar la capacidad de resistencia a las crisis, contribuyendo con el desarrollo socio económico sostenible de la población. Y pregunto y me comentan que parte de los granos que estamos cargando fueron donados por el Gobierno Italiano, y llegaron en un barco, directamente desde la misma Italia. Lo mismo pasó con los granos donados por EEUU. Y ante mi pregunta : ‘por qué los granos no salen del mercado hondureño?’ (cosa que me parecería más lógica porque además apoyaría el mercado interno de los países), el ‘ingeniero’ me responde que es una medida para no desabastecer los mercados hondureños. Pero, teniendo en cuenta que Honduras es exportadora de granos básicos, no acabo de entender a qué desabastecimiento se refiere. Me huele a donación de excedentes de los países ricos para mantener estables los precios del mercado, pero ahora mismo solo tengo dolor de biceps. Miro el trabajo cumplido, los 57 sacos de alimento, imagino las caras de las familias, pienso en dentro de 15 días y en el qué pasará entonces. Y me doy cuenta de lo contradictorias que son a veces las medidas de emergencia. Pienso también en los males menores y los males mayores, en los barcos que vienen de ITalia o de EEUU y en esos momentos en que los principios parecen pasar a un segundo plano y toda medida de dudosa moral tiene su parte necesaria.