El problema no es la violencia en sí, sino los altos índices de contagiosa agresividad. La creencia en un perpetuo ataque, una continua ofensa es tan peligrosa como un dedo en el gatillo del odio. La violencia es solo una manifestación de esa agresividad que se respira en la calle y se huele en las miradas. 
El no reconocimiento de las razones del otro más allá de los intereses o desintereses de uno mismo, mezclado con un poco de victimismo, lleva a los individuos de cada una de las sociedades a mirarse el ombligo más de lo normal.
La agresividad se alimenta de desigualdad, o más concretamente, de complejo de inferioridad. Una inseguridad personal o social que empuja a las personas a mantenerse a la defensiva, a sabiendas de saberse indefensas.
Podríamos pensar que la agresividad lleva al ataque, al enfrentamiento; pero por otro lado también es cierto que al propia interacción social, llena de eufemismos y de ‘cara a cara’ susceptibles de ser malinterpretados puede anteponer la agresividad al enfrentamiento.
El hombre es un lobo para el hombre, pero no se olviden que vivimos en un mundo de lobos trajeados, un mundo en el que el más preparado es el que vale sólo de forma relativa, en el que nos enseñan a batirnos en combate hasta con nuestros más allegados. 
Los hermanos compiten por ser mejores al igual que muchas parejas sienten celos de las conquistas de sus compañeros/as. El mundo es un gran campo de batalla, batallas libradas con palabras, el primero que se desconcentre pierde.
Ganar o perder son palabras cuyo sinónimo hoy en día es agresividad. Y cuando la norma cotidiana es el perder, más aun.
Si vives en un país en el que se han acostumbrado a perder, o mejor dicho, en el que no han ganado nunca, ni un paso a una mundial de futbol, la agresividad se oye en las voces de las mujeres que regañan a sus hijos, de los taxistas que tocan el claxon al menor despiste frente a un semáforo en verde, en las patadas que les dan a los perros.
Si naces en un país en que nadie se muere de neumonía, en que poca gente es pobre y que ganó la última eurocopa, la agresividad es aun más inaceptable. Y sin embargo, día a día, de un extremo a otro del mundo, nos comemos los unos a los otros
….un 70% de la humanidad lo hace por hambre, el otro 30% aún no sabe por qué lo hace.