EStimado pastorzuelo cuyasovejasarrasaronelhuertoquetantosudornoscostó:
Te escribo así, entre tú y yo, porque se me quedó un cierto retrogusto amargo -o ácido- después de nuestro encontronazo del otro día y quiero abrirte mi corazón para que entiendas las razones que me empujaron a azotartusovejas-jurarenarameo-perseguirtecampoatravésconunaescobaenlamano-jurarmásenarameo.
En primer lugar, has de entender que un domingo a las 5 de la tarde es bastante probable que me hallara yo en un cierto duermevela de tranquilidad y descanso dado que, pese a que era día laboral, salgo a las 3 de la oficina gracias al bendito horario de verano. Por esa misma razón, has de comprender mi sobresalto cuando, alertada por mi avispada gata, oigo rumores ‘de caballería’ en el jardín. Un ruido inexplicable entre turba y turbador. Tras haber vivido algún que otro terremoto, podría decir que la confusión inicial fue bastante parecida a la que se da en los primeros momentos de los temblores, pero tras descartar esta sísmica posibilidad decidí asomarme a la ventana, descubriendo para mi sorpresa a aproximadamente 60 cabezas de ganado dándose un festín en mi jardín y, por ende, en el huerto.
He de confesar que a toro -u oveja- pasado, agradezco que la herramienta tomada para ahuyentar a tus animales fuera la escoba, pues esta se encontraba muy cerca de las tijeras de podar y podría ser esta misiva una invitación a una parrillada de cordero.
Habrás de entender que, tras abrirme paso entre tus animales a escobazos y descubrir el lamentable estado de mis tomateras, ‘berenjeneras’ y ‘calabacineras’, mi reacción más comprensible, al otear tu presencia en el horizonte, fuera llamarte a gritos agitando la escoba sobre mi cabeza y cagándome -lo admito y he de alegar en mi defensa que no era la primera vez que tus ovejas entraban en el jardín- en toda tu familia y futura descendencia. Tuviste razón en no comprender mi ‘me cago en tu padre’ o ‘mira lo que han hecho tus ovejas’, puesto que dichos improperios fueron proferidos en castellano, lengua que entiendo no comprendas.
Sin embargo, déjame aconsejarte que ante una mujer en camiseta de tirantes (haram haram), hecha un obelisco -ver el siguiente párrafo- que te grita en español y agita una escoba, lo más prudente no es empezar a correr campo a través, porque corres -y nunca mejor dicho- el riesgo de que la mujer salga corriendo detrás, como fue nuestro caso.
Cuando digo obelisco, me refiero a ‘hecha un basilisco’, refiriéndome a la probabilidad bastante elevada de que dado mi nivel de cabreo te hubiera yo transformado en piedra con sólo mi mirada o que, dadas las especificidades del contexto local, te hubiera arreado una pedrada entre ojo y ojo.
Entiendo tus razones para seguir corriendo pese a mis gritos y a notar que te estaba siguiendo grácil cual gacela campo a través, y por ello, con gesto conciliador, dejé la escoba por el camino por si acaso era dicho objeto el que te causaba temor y animaba tu carrera. Aumentó por tanto mi furia al comprobar que te la refanfinflaba y que no estabas dispuesto a discutir conmigo sobre el desafortunado incidente.
Fue poco inteligente, permíteme que te diga, dirigirte con el rebaño hacia un descampado sin salida, lo que me permitió alcanzarte y, si bien te hubiera agarrado el gañote, me limité a comentarte -admito que en un tono cercano a la verdulería- el descontento que tus animales me habían causado.
Entiendo de nuevo que no me entendieras, puesto que no hablas inglés y por ello hice un esfuerzo ingente por comunicarme contigo. Voy a continuación a transcribirte algunas de las frases que te dije ese día por si el nervioso no te permitió entenderlas:
- Inta shogol is to look at the sheeps. What were you doing? what were you doing? (repetición enfatizadora)
Me refería a que qué coño estabas haciendo mientras tus ovejas se comían mis tomates.
- Wahad marra, una mierda! Telete marra, telete marra (repetición enfatizadora)
Me refería a que me resultaba cuanto menos indignante que me intentaras convencer de que era la primera vez que sucedía esto, sobretodo porque, tras un incidente similar, colgamos un cartel a la entrada del huerto escrito en árabe en el que aproximadamente decíamos (transcribo): “Me cago en todos los muertos de aquel que entre en mi huerto. Los tomates están envenenados y las berenjenas le causarán almorranas crónicas y disfunciones psicosexuales así como dolorosos síndromes premenstruales”.
Fue una suerte que bajara aquel vecino a hacernos de traductor y así nos enteramos de que nos prometías que no volvería a pasar y nosotros conseguimos informarte de que la próxima vez las medidas serían drásticas: ojo por ojo, tomate por oveja. En tus manos encomendamos esta decisión.
Sin más particulares, te deseo lo mejor
Irene Fernández
jajajaja…buenisimo…me los imagino corriendo por el secarral anejo al huerto frondoso…jajaja
jajajajajajaja ay Dios, ¿qué no te va a pasar?
Buenísimo Kiri!!!!!!!