Natación por la academia del sin sentido.
Esa sensación de estar de paso por las mentiras que se forjan en libros de gente que por un rato se siente importante, libros llenos de historias de gente, gente que lee historias de gente que nunca leerá historias -y mucho menos sus propias historias-.
Esa sensación de no pisar el piso que camino, de no tocar lo importante, de sentarme en una mesa fuera de la realidad para pensar en realidades que he dado por perdidas.
Esa sensación de que la realidad no es la real. Que en la sección de empirismos serios y fundamentados hoy han empezado las rebajas y las horas de avión no miden distancias sentimentales que se miden mejor en parpadeos y miradas desperdiciadas en este vaivén, en medio de la tormenta, de lo que cada uno cree que es importante. Que en el coctel de las bofetadas el aire se mide con cuentagotas. Que el otoño llega sin piedad por los huecos que crean los jerseys de lana-que-pica y por los entresijos de una existencia sin complicaciones y, por ende, demencial.
Realidades invertidas, realidades contemporáneas que no se acuestan a la misma hora, y por ende, tienen los sueños descompasados, como en una melodía sin ritmo ni alegría, como en una canción sin ton ni son, sin alma ni persianas. Realidad habla a realidad y le dice al oído que las ideas mejor las dejan en un cajón y se van de farra por las calles desiertas y húmedas.
Y mientras nos dan las 10 y las 11, pero nos da igual porque tus 10 no son las mías y a mi alrededor el tiempo se reparte en ideas de papel y metal, ideas en palabras que no llegaré a leer porque prefiero marcarme ralladas mentales yo sola en lugar de centrarme en cosas útiles como…el papel del marxismo en el estudio de la cultura….ay mi madre!
Realidades convexas, de tiempos con mínimo común múltiplo, en las que no sé si adaptarme o reinventarme, si me falta pelo o razón.