Cuando era pequeña me pasaba el dia 31 de Diciembre de todos y cada uno de mis años pensando ‘este es el último … del año’. La última comida, la última ducha, la última vez que salía de mi casa, la última vez que pasaba al baño. Hacia incluso concursos con mis hermanos a ver quién espetaba la última ventosidad del año, nunca gané. Lo importante era la circunstancia, el acto en concreto, la acción repetida todos los días y que por un día me resultaba emocionante por el hecho de ser la última del año. Resultaba emocionante la perspectiva de que esa actividad nunca volvería a repetirse aquel año.
Ahora acabo el año y ya no me ventoseo con mis hermanos porque somos socialmente aceptables. Ahora empiezo el año y sé donde lo empiezo, pero como desde hace unos años, ya no sé donde lo acabaré. Ya no existen certezas, cada vez siento que caminamos sobre una superficie vacilante que nos lleva dandonos la falsa esperanza de estar haciendo lo que realmente queremos. Vivimos haciendo planes, vivimos pensando en el siguiente paso, en el ‘y qué vas a hacer después?’ pero nadie llega al ‘y al final de todo, me moriré’… eso es socialmente poco aceptable, casi peor que mis flatulentos concursos. HAcemos planes, pensamos saber lo que queremos, pensamos saber que estamos buscando lo que de verdad queremos, hacemos planes interminables para buscar lo que de verdad queremos, viajamos, bailamos, bebemos, salimos, entramos, queremos, lloramos, vivimos en definitiva pensando en el momento siguiente, en la meta que creemos que queremos alcanzar. Pensamos que lo que no hay que hacer es mirar para atrás, y lo de verdad nocivo es mirar demasiado para delante.
Al 2009 lo que le pido es que me dé las fuerzas para poder hacer lo que me dé la gana, para no hacer lo que los demás esperan de mí, para disfrutar cada momento sin mirar para adelante. Lo que quiero es retarme día a día, disfrutar más, ser más alegre y cariñosa. No quiero saber donde estaré por estas fechas el próximo año, quiero vivir el camino que me lleve hasta allí … y de paso, disfrutar también mi última ventosidad del año.
Lo mismo os deseo a todos y cada uno de vosotros.