Lávame la lengua con jabón

Tapones para los oidos Noviembre 20, 2008

Archivado en: Historietas, Pensamientos — kirikierekaka @ 7:34 pm
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Los tapones para los oidos tienen muchas utilidades, variadas e interesantes.

La primera es puramente terapeutica puesto que los oidos son una zona delicada del cuerpo, interna pero con salida directa al exterior (como el ano más o menos pero en menos fecal). Por ello, es probable que se necesiten tapones para proteger esa región corporal. En las piscinas públicas, por ejemplo, el uso de los tapones para los oidos es recomendable para evitar contagios de enfermedades tanto contagiosas como dolorosas. Mejor usar tapones que tener que recurrir a la bolsa de agua caliente porque nos ha dado una otitis de caballo.

Por otro lado, los tapones son un recurso muy utilizado, y a la vez poco estudiado por las ciencias de la psicologia para provocar un aislamiento del mundo exterior en el individuo. Es lo mismo que quien se tapa los ojos, bloquea un sentido aislándose del resto de personas. Este recurso no es propio de enfermos mentales, como alguno podría pensar. Los tapones son muy populares por los estudiantes en época de examenes. En las bibliotecas son indispensables para no distraerse a cada segundo -sin embargo, y por experiencia personal, al no poder bloquear el sentido de la vista no sirven de mucho puesto que se da en fisgonear el estudio ajeno y en muchos casos las fiseonomias atractivas de algun@s gallard@s estudiantes-. Son una potente arma contra los vecinos fiesteros que no dejan dormir y un aliado de las almas cándidas y sensibles que necesitan el silencio absoluto en algun momento de su vida o, más concretamente, a la hora de conciliar el sueño.

Los tapones forman parte de nuestra vida, ya sean de cera, de espuma, anatómicos -que no forenses- o de colorines. Todos hemos usado tapones alguna vez en nuestra vida.

Mañana es mi primer concierto, si señor. Nunca antes habia tocado en directo, en lugar cerrado y sin compañía. Es un reto para mí y como tal he de prepararlo con mesura. Pretendo colocar unos cuantos tapones, siempre en número par, distribuidos por las mesas del bar, para no obligar a nadie a tener, no ya que escucharme, sino ni siquiera a tener que oirme.

Entro en una farmacia y con una sonrisa le pregunto a la muchacha del mostrador: ‘venden tapones para los oidos?’. Con la misma sonrisa y voz aguda me responde ”no, fijese que aquí los tapones solo se venden en las armerias, para que se tapen los oidos la gente que dispara”

‘Y digame señorita, ¿venden ustedes tapones para el alma?’

… bendita Honduras